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Estados Unidos intensifica operaciones militares contra Irán mientras la OTAN cuestiona la flexibilización de sanciones a Rusia

Bagdad/Washington, 14 de marzo de 2026. A dos semanas del inicio de la escalada bélica en Oriente Medio, Estados Unidos e Israel han continuado con operaciones militares de gran envergadura contra instalaciones iraníes, mientras que Irán responde con ataques de represalia que alcanzan Israel y estados vecinos del Golfo Pérsico.[1][2]

Según reportes del Pentágono, las fuerzas estadounidenses han destruido instalaciones militares en la isla iraní de Karg, considerada vital por su infraestructura petrolera.[2] El secretario de Guerra estadounidense informó que se han alcanzado 15,000 objetivos, destruido defensas aéreas y reducido la producción de misiles iranís en un 90%.[1] Los analistas militares sugieren que el objetivo es eliminar completamente la capacidad militar del régimen de los Ayatolás.

El conflicto ha cobrado un precio considerable en vidas estadounidenses. Hasta el momento, se han confirmado al menos 13 muertes de soldados estadounidenses, tras el accidente de un avión de reabastecimiento KC135 en el oeste de Irak que causó la muerte de seis tripulantes.[2] El mando central de Estados Unidos aclaró que el siniestro no fue causado por fuego hostil, aunque las circunstancias exactas aún están siendo investigadas.[2]

En el frente iraní, los ataques de represalia han alcanzado objetivos en toda la región. Un drone respaldado por Irán atacó la embajada de Estados Unidos en Bagdad el sábado pasado, poco después de que murieran dos combatientes iraníes en bombardeos contra la capital iraquí.[2] Además, misiles iranís han impactado zonas residenciales en Zarcir, al norte de Israel, mientras que drones han causado dos muertes en Omán.[1]

La escalada ha provocado consecuencias económicas globales significativas. El cierre amenazante del Estrecho de Ormud por parte de Irán ha disparado los precios del petróleo hasta los 100 dólares por barril, la cifra más alta en años.[1] En respuesta, el presidente Donald Trump anunció la flexibilización temporal de sanciones contra petroleros rusos para aumentar el suministro mundial y frenar el incremento de precios.[2]

Esta decisión ha generado fricción con aliados occidentales. Los líderes de Alemania, Noruega y Canadá expresaron su desacuerdo durante el ejercicio militar de la OTAN en el Ártico, argumentando que levantar las sanciones, incluso temporalmente, es una medida equivocada.[2] Las autoridades europeas y ucranianas advierten que permitir que Rusia genere millones o miles de millones de dólares en ingresos petroleros socava los esfuerzos por mantener presión sobre Moscú mientras el conflicto ucraniano se prolonga hacia su quinto año.[3]

Trump ha advertido que la Armada estadounidense comenzará a escoltar petroleros a través del Estrecho de Ormud muy pronto para restablecer las exportaciones de petróleo.[2] Irán, por su parte, continúa amenazando con atacar empresas estadounidenses en Oriente Medio y mantiene el bloqueo económico como su principal respuesta a los ataques.

La situación en Teherán muestra aparente cohesión interna. Miles de personas llenaron las calles de la capital durante celebraciones de la festividad musulmana de Alcuts, aunque reportes indican que el nuevo Ayatolá ha resultado herido en los ataques estadounidenses.

Con más de 100 personas muertas en bombardeos estadounidenses e israelís en Irán, y la actividad marítima prácticamente paralizada en el estratégicamente vital Estrecho de Hormuz, la comunidad internacional observa si las negociaciones diplomáticas lograrán contener una crisis que amenaza la estabilidad energética mundial.

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