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Ataques iraníes en el Estrecho de Ormuz escalan tensiones en Oriente Medio el 12 de marzo de 2026

Ataques iraníes en el Estrecho de Ormuz escalan tensiones en Oriente Medio el 12 de marzo de 2026

Dubái/Teherán, 12 de marzo de 2026 (10:00 a.m.) – Irán intensificó este jueves sus ataques contra petroleros y buques mercantes en el Estrecho de Ormuz, elevando los precios del petróleo por encima de los 86 euros por barril, en medio de una escalada regional que involucra a Estados Unidos, Israel y varios países del Golfo.[1]

Un proyectil impactó en un buque portacontenedores cerca de los Emiratos Árabes Unidos, mientras dos petroleros en aguas qataríes y un depósito de combustible en Baréin fueron alcanzados, según reportes de fuentes locales y agencias internacionales. Estos incidentes se producen a pesar de la liberación récord de crudo estratégico por parte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que aprobó la mayor reserva de 400 millones de barriles para mitigar el impacto en los suministros globales.[1][2]

El contexto de esta ofensiva iraní remonta a hace 11 días, cuando operaciones militares lideradas por Estados Unidos e Israel comenzaron a debilitar las capacidades de la Guardia Revolucionaria Islámica. El presidente Donald Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses han «virtualmente destruido» la armada iraní y destruyeron 16 barcos iraníes minadores en el estrecho, negando planes de retirada prematura: «Tenemos que terminar el trabajo».[1]

Paralelamente, el ejército israelí reportó múltiples salvas de misiles iraníes contra su territorio esta mañana, interceptados por defensas aéreas. Israel respondió con ataques a gran escala contra Teherán y un bastión de Hezbolá en Beirut, donde un bombardeo en el paseo marítimo causó al menos siete muertos. Líbano acumula cientos de fallecidos y más de 750.000 desplazados por los ataques israelíes.[1][2]

Los ataques iraníes se extendieron a Qatar, Kuwait, Baréin y Arabia Saudita con drones y misiles, hiriendo a cuatro personas en el aeropuerto de Dubái. Irán prometió una «larga guerra de desgaste» que destruiría la economía mundial, mientras el Departamento de Justicia de EE.UU. investiga redes de financiación de la Guardia Revolucionaria vinculadas a evasión de sanciones vía Binance.[1][2]

En una videoconferencia del G7 el miércoles, el presidente francés Emmanuel Macron reconoció daños considerables a las capacidades balísticas y militares de Irán, pero advirtió que persisten amenazas regionales. Negó pruebas de minas iraníes en Ormuz, contradiciendo a EE.UU., y urgió coordinación para estabilizar precios energéticos que superan los 100 dólares en algunos mercados.[1]

La AIE y líderes europeos debaten medidas adicionales, como recortes fiscales a combustibles, ante el riesgo de disrupciones en el 20% del comercio marítimo global que pasa por Ormuz. Rusia, meanwhile, intensifica bombardeos en Ucrania, complicando el panorama geopolítico.[2]

La comunidad internacional observa con preocupación, temiendo una guerra prolongada que eleve la inflación global y fragilice economías dependientes del petróleo. Diplomáticos llaman a un alto el fuego, pero las posturas beligerantes de Teherán y Washington sugieren que el conflicto podría extenderse.

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