La Generación Z toma las calles con una Marcha del Silencio en señal de hartazgo político
Ciudad de México. Miles de jóvenes de la llamada Generación Z salieron hoy a las calles en una Marcha del Silencio que partió poco después de las 11:00 horas del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo capitalino, en una movilización nacional que busca visibilizar el descontento con el clima político, la violencia y la falta de justicia en el país.[2][4][5]
La protesta, convocada por colectivos estudiantiles, organizaciones juveniles y ciudadanos sin filiación partidista, fue diseñada como un recorrido silencioso, sin consignas ni altavoces, bajo el lema “No hay nada que celebrar”.[2][4][5] Los participantes avanzaron con ropa oscura, pancartas con mensajes breves y algunos listones negros, en un intento deliberado por diferenciarse de actos políticos tradicionales.[4][5]
En la Ciudad de México, la ruta siguió el trazo acordado con las autoridades: Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Eje Central Lázaro Cárdenas y 5 de Mayo, hasta llegar a la Plaza de la Constitución.[2][5] El Gobierno capitalino implementó cierres y desvíos en estas vialidades y desplegó cuerpos de seguridad y personal de tránsito para acompañar el avance del contingente.[2][5]
La marcha de hoy se enmarca en un año marcado por tensiones políticas, acusaciones de acarreo en actos oficiales y denuncias constantes de violencia e impunidad.[4] La convocatoria surgió pocos días después de un mitin masivo en el Zócalo encabezado por el gobierno federal, criticado por la oposición y algunos sectores ciudadanos que cuestionaron el uso de recursos y estructuras clientelares.[4] En respuesta, los organizadores de la marcha difundieron el mensaje: “Ahora nos toca a nosotros”.[4]
Esta es al menos la tercera movilización de estas características protagonizada por la Generación Z en la capital, lo que consolida a este grupo etario como un actor visible en el espacio público.[2] A diferencia de protestas anteriores, centradas en consignas y discursos, la apuesta hoy fue por una demostración simbólica de unidad: el silencio como forma de denuncia frente a lo que describen como normalización de la violencia y desatención oficial a las demandas juveniles.[2][4][5]
De acuerdo con la convocatoria nacional, la marcha no se limitó a la Ciudad de México: se registraron protestas similares en al menos diez ciudades de nueve entidades, replicando el esquema de caminatas silenciosas y mensajes unificados.[4] En todos los casos, los organizadores insistieron en que se trata de una movilización ciudadana independiente, sin padrinazgos de partidos o gobiernos, y rechazaron de antemano cualquier señalamiento de acarreo.[4]
Analistas consultados señalan que la Marcha del Silencio se inserta en un contexto regional de alta polarización y disputas por el rumbo de las políticas públicas, donde los jóvenes reclaman mayor participación en decisiones sobre seguridad, educación, empleo y derechos humanos.[1][4] En este marco, la Generación Z busca consolidarse como un interlocutor incómodo tanto para el gobierno como para las fuerzas de oposición tradicionales, a quienes cuestiona por igual.
Al cierre de la movilización en el Zócalo no se programaron discursos desde un templete; la acción central consistió en un minuto de silencio colectivo, seguido de la lectura breve de un posicionamiento por parte de representantes estudiantiles, en el que reiteraron que su objetivo es “recordar a las víctimas, exigir justicia y demostrar que la organización ciudadana no necesita estructuras oficiales”.[4][5] Tras el acto, los contingentes comenzaron a dispersarse de forma escalonada, mientras las autoridades iniciaban la reapertura paulatina de las vialidades del Centro Histórico.[2][5]
