Reino Unido estrena tecnología de guerra submarina basada en inteligencia artificial para frenar a Rusia
Reino Unido presentó este lunes una nueva tecnología de guerra submarina que combina sensores avanzados e inteligencia artificial con buques y aeronaves de última generación, con el objetivo declarado de contrarrestar la creciente amenaza de Rusia en aguas estratégicas.[3]
El anuncio fue realizado por autoridades de Defensa británicas, que describieron el sistema como un «punto de inflexión» para el futuro de la Armada y una respuesta directa a las actividades rusas de reconocimiento de infraestructuras submarinas.[3]
Según la información oficial, la nueva plataforma integra sensores equipados con algoritmos de IA capaces de detectar, rastrear y clasificar movimientos sospechosos en el entorno marítimo, especialmente en torno a cables y tuberías submarinas, considerados activos críticos para la seguridad energética y de comunicaciones de Europa.[3]
Las autoridades británicas sostienen que Moscú está intensificando el mapeo de estas infraestructuras mediante el despliegue de «barcos espía», lo que ha elevado la preocupación en la OTAN por la vulnerabilidad de las redes submarinas que transportan datos y gas entre distintos países.[3]
En este contexto, Londres afirma que la nueva tecnología permite crear una fuerza avanzada capaz de «detectar y acabar con aquellos que nos amenazan», al combinar la capacidad de vigilancia persistente de los sensores inteligentes con la capacidad de respuesta rápida de buques y aeronaves militares.[3]
La iniciativa se enmarca en una tendencia más amplia de militarización de la inteligencia artificial, donde los algoritmos se utilizan para analizar grandes volúmenes de datos procedentes de sonares, radares y otros sistemas de detección, con el fin de identificar patrones anómalos que podrían indicar la presencia de submarinos o vehículos no tripulados.
Expertos en seguridad marítima citados por medios europeos señalan que la protección de los cables submarinos se ha convertido en una prioridad estratégica tras varios incidentes y sospechas de sabotaje en los últimos años, que han evidenciado hasta qué punto estas infraestructuras son esenciales para el funcionamiento de la economía digital y los mercados energéticos.[3][4]
El desarrollo británico coincide con un mayor énfasis internacional en la seguridad de las infraestructuras críticas, también visible en foros políticos y en alianzas digitales como la recientemente reforzada entre la Unión Europea y Canadá, que incluye cooperación en redes 5G, cables submarinos y tecnologías avanzadas.[4]
Organizaciones de derechos digitales y analistas de defensa han advertido, sin embargo, de los riesgos de una escalada tecnológica que dependa en exceso de sistemas automatizados, subrayando la necesidad de mantener controles humanos robustos sobre decisiones con potencial impacto militar y diplomático.
Desde el Ministerio de Defensa británico se insiste en que la inteligencia artificial actuará como herramienta de apoyo a los operadores, no como sustituto de la cadena de mando, y que su función principal será mejorar la detección temprana y la capacidad disuasoria en un entorno geopolítico cada vez más tenso.[3]
Con la puesta en marcha de esta nueva tecnología, Reino Unido busca reforzar su papel como actor clave en la seguridad del Atlántico Norte y enviar un mensaje de capacidad e innovación a sus aliados y adversarios, en un momento en el que el dominio de las tecnologías emergentes se ha convertido en un factor determinante del poder militar y político a escala global.
