Polarización política en México enciende alertas rumbo a la reforma electoral de 2026
Ciudad de México / San Luis Potosí, 7 de diciembre de 2025. La creciente polarización política en México se consolidó hoy como una de las principales preocupaciones de actores oficiales y analistas, en un contexto marcado por la reciente mega movilización en apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum y por los debates en torno a la próxima reforma electoral prevista para 2026.[1][4][6]
En declaraciones dadas a conocer este domingo, el diputado federal Juan Carlos Valladares Eichelmann advirtió que la confrontación entre bloques políticos ha escalado con las últimas reformas discutidas en el Congreso, y llamó a construir acuerdos legislativos que envíen señales de estabilidad hacia el cierre del año.[4] El legislador subrayó que el entorno económico internacional ya es por sí mismo un desafío, por lo que, a su juicio, México necesita proyectar certidumbre para no ahuyentar inversiones ni deteriorar su imagen ante socios externos.[4]
Las advertencias de Valladares se producen un día después de la masiva concentración convocada por la presidenta Claudia Sheinbaum en el Zócalo capitalino, donde miles de simpatizantes celebraron los siete años del proyecto de la llamada Cuarta Transformación y refrendaron su respaldo al gobierno federal.[1][6] La mandataria presentó la movilización como una demostración de fuerza política y de continuidad de su agenda de izquierda, en medio de un mes marcado por el asesinato de un alcalde, protestas juveniles y la abrupta renuncia del fiscal general Alejandro Gertz.[1]
De acuerdo con analistas consultados por medios nacionales, la marcha tuvo también un objetivo interno: recomponer la unidad en el partido oficial Morena ante tensiones derivadas de casos de presunta corrupción y de la designación de Ernestina Godoy como nueva fiscal general.[1] Estas fricciones han alimentado la percepción de que los desafíos para el gobierno no provienen solo de la oposición, sino de su propio movimiento, lo que añade un componente adicional a la polarización.[1]
En el ámbito internacional, la movilización del 6 de diciembre recibió un espaldarazo simbólico del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien destacó públicamente la fuerza de la convocatoria y la enmarcó en el avance de proyectos progresistas en la región.[2] Analistas interpretaron este gesto como una señal de afinidad ideológica y de alineamiento entre gobiernos de izquierda en América Latina, en un momento de reconfiguración política regional.[2]
Dentro del país, la discusión se centra ahora en las reformas electorales previstas para 2026, que, según Valladares Eichelmann, podrían abrir un periodo de incertidumbre si se aprueban sin amplios consensos.[4] El diputado insistió en que las decisiones deben tomarse “pensando en el país, no en intereses políticos”, y defendió la necesidad de reglas claras para iniciar el próximo año con mayor certidumbre institucional.[4]
A pesar de que Sheinbaum mantiene altos niveles de aprobación, encuestas recientes registran un ligero incremento en la desaprobación ciudadana, fenómeno que algunos especialistas vinculan al desgaste natural del poder y a la intensidad del debate público.[1] El gobierno, por su parte, ha puesto el énfasis en indicadores como el aumento del salario mínimo y la estabilidad del peso para sostener su narrativa de estabilidad económica.[5]
Con una agenda cargada de reformas y un clima político tenso, la llamada a “frenar la polarización” y a construir acuerdos mínimos se perfila como uno de los temas centrales del cierre de 2025, mientras oficialismo y oposición se preparan para un 2026 marcado por la disputa sobre las reglas del juego electoral.[4]

