Una pintura ‘inteligente’ promete enfriar edificios y producir agua sin consumir energía
Una nueva pintura “inteligente” desarrollada por la Universidad de Sídney ha acaparado la atención del sector tecnológico este 7 de diciembre de 2025 al presentarse como un recubrimiento capaz de reflejar casi toda la luz solar, mantenerse más fría que el aire y condensar agua a partir de la humedad ambiental, sin utilizar electricidad[2].
El avance se enmarca en la búsqueda de soluciones tecnológicas para mitigar el impacto de las olas de calor en entornos urbanos y mejorar el acceso al agua en zonas con estrés hídrico. Según los investigadores, una simple capa de esta pintura podría reducir significativamente la temperatura de las superficies expuestas al sol, disminuyendo la necesidad de aire acondicionado y el consumo energético asociado[2].
El recubrimiento ha sido diseñado mediante técnicas de nanoingeniería que permiten manipular la interacción de la luz con la superficie. De acuerdo con la información difundida, la pintura refleja la práctica totalidad de la radiación solar incidente y, al mismo tiempo, irradia calor hacia la atmósfera, lo que le permite permanecer por debajo de la temperatura ambiente[2]. Este fenómeno, conocido como refrigeración radiativa, se ha explorado en otros materiales, pero la propuesta australiana destaca por su aplicabilidad directa en fachadas y cubiertas de edificios.
Además de su capacidad de enfriamiento, el recubrimiento incorpora un sistema para capturar la humedad del aire y condensarla en forma de agua[2]. Esta funcionalidad podría resultar especialmente relevante en regiones con escasez de recursos hídricos, al ofrecer una fuente complementaria de agua para usos no potables, como riego urbano o limpieza. Aunque las cifras detalladas de rendimiento aún no se han hecho públicas, los responsables del proyecto señalan que el sistema funciona sin componentes eléctricos ni mecánicos, lo que reduce sus costes de operación y mantenimiento[2].
Este desarrollo llega en un contexto de aceleración tecnológica en 2025, en el que la innovación se orienta cada vez más a soluciones con impacto verificable en la resiliencia climática y la eficiencia energética[2]. Informes recientes sobre tendencias tecnológicas subrayan que el valor de la tecnología se mide hoy por su capacidad de aportar resultados medibles, y no solo por su potencial teórico[2]. En ese escenario, avances como esta pintura se alinean con la demanda de herramientas que combinen sostenibilidad, eficiencia y viabilidad económica.
La propuesta de la Universidad de Sídney forma parte de un conjunto más amplio de innovaciones científicas orientadas a responder a retos globales. Entre ellas figuran sistemas basados en microalgas para depurar aguas y mejorar la productividad agrícola, así como “vacunas” para alimentos que emplean virus bacteriófagos con el fin de alargar su vida útil, y nanofármacos diseñados para superar la resistencia en determinados cánceres de próstata[2]. Todas estas iniciativas ilustran cómo la investigación aplicada pretende trasladar la frontera de la ciencia al terreno de las soluciones prácticas.
Aunque la pintura “inteligente” se encuentra todavía en fase de desarrollo, su presentación ha generado expectativas en sectores como la construcción, la planificación urbana y la gestión del agua. En los próximos meses se esperan pruebas piloto en edificios y entornos reales, que permitirán evaluar su durabilidad, costes de producción y potencial de escalado industrial. De confirmarse los resultados iniciales, el recubrimiento podría convertirse en una herramienta clave en las estrategias de adaptación al cambio climático en ciudades de todo el mundo[2].
